domingo, 26 de abril de 2009
viernes, 24 de abril de 2009
Leopoldo Marechal. Megafón, o la guerra.
1
—Si los llamé “compatriotas” —adujo Megafón— es porque la idea de Patria será el fundamento de mi tesis. Les enseñaron que la patria era sólo una geografía en abstracción, o algo así como un escenario de la nada. ¿Y qué otra cosa podría ser un escenario teatral si no tiene comedia ni actores que la representen? La verdad pura es que nos movemos en un escenario, que ustedes y yo somos los actores y que la comedia representada es el destino de nuestra nación. ¡Compatriotas, yo les hablaré de un animal viviente, de una patria en forma de víbora!
(...)Si acudí a la víbora fue por tres razones convincentes. Primera: la víbora es un animal del “suceder”, como lo demuestra la del Paraíso; y la patria o es una serpiente del suceder o es una mula siestera.
(...)Mi segunda razón —prosiguió el Autodidacto—se basa en el hecho de que la víbora tiene un habitat muy extendido en nuestro territorio, desde la yarará de Corrientes hasta la cascabel de Santiago y la anaconda de Misiones.
(...)Sin embargo —añadió el Oscuro—, mi tercera razón es la que importa. La víbora cambia de peladura: ¡se lo exige la ley biológica de su crecimiento!
Oigan —aclaró Megafón—, al ofrecerse la imagen de una Patriavíbora, sostengo que tiene ahora dos peladuras: un cascarón viejo, tremendamente fósil, que se resiste a soltarse del animal; y la peladura nueva que se formó debajo y que batalla por salir a la luz. Compañeros, lo que nos aflige a todos es la tiranía del cascarón. ¿Y saben por qué dura la vieja costra? Porque hay interesados en que la víbora no abandone su cascarón inútil y lo apuntalan con lociones vivificantes y cremas de tortuga.
2
Lo que me cansa es esta sucesión de gestos que uno cumple y hace cumplir a los demás inexorablemente. Acciones y reacciones, diálogos y monólogos. los hipos de la tragedia y las risas del sainete: una vocación del teatro que nos empuja todos los días a las tablas y que nos ordena un mutis todas las noches (..,) Pero entre las junturas que unen dos piezas de la farsa, uno desmonta la gran ilusión y siente deseos de romper a golpes de puño las máscarillas de los actores, para descubrir lo que hay debajo, y de romper la máscara propia y mirarse la cara limpia en algún espejo terrible
jueves, 23 de abril de 2009
miércoles, 22 de abril de 2009
jueves, 16 de abril de 2009
Henry Miller. Nexus.

En nuestros esfuerzos desesperados para preservarnos, para preservar lo que hemos creado, causamos nuestra propia muerte. No nos entregamos a la vida, luchamos para evitar la muerte. Lo que no significa que hayamos perdido la fe en Dios, sino que hemos perdido la fe en la vida misma. Vivir peligrosamente, como dijo Nietzsche, es vivir desnudo y sin avergonzarse. Significa poner la confianza de uno en la fuerza vital y dejar de luchar con un fantasma llamado muerte, un fantasma llamado enfermedad, un fantasma llamado pecado, un fantasma llamado temor, etcétera. ¡El mundo fantasma! Ése es el mundo que hemos creado para nosotros. Piensa en los militares, que hablan perpetuamente del enemigo. Piensa en el clero, que habla perpetuamente del pecado y la condenación. Piensa en el gremio de los leguleyos, que hablan perpetuamente de multas y encarcelamientos. Piensa en la profesión médica, que habla perpetuamente de enfermedad y muerte. Y en nuestros educadores, los más tontos de todos, con su charla de papagayos y su incapacidad innata para aceptar cualquier idea que no tenga ciento o mil años de antigüedad. En lo que respecta a los que gobiernan el mundo, en ellos tienes los seres más deshonestos, más hipócritas, más engañados y de menos imaginación que es posible imaginar. Tú pretendes que te interesa el destino del hombre. El milagro consiste en que el hombre haya mantenido inclusive la ilusión de la libertad. No, el camino está cerrado, hacia cualquier parte que te vuelvas. Todas las paredes, todas las barreras, todos los obstáculos que nos encierran son obra nuestra.
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