jueves, 9 de abril de 2009

Para la psicologia del artista



Para que haya arte, para que haya algún obrar y contemplar estético, es indispensable una condición fisiológica previa: la ebriedad. Es necesario que la ebriedad haya incrementado primero la excitabilidad de toda la máquina: mientras no se llegue ahí, no hay arte. Todas las modalidades de la ebriedad, por distintas que sean sus causas, tienen la fuerza para ello: sobre todo la ebriedad de la excitación sexual, que es la forma más antigua y primigenia de ebriedad. Lo mismo la ebriedad que viene en el séquito de todos los grandes apetitos, de todas las emociones fuertes; la ebriedad de la fiesta, de la competición, del do de pecho, de la victoria, de todo movimiento extremo; la ebriedad de la crueldad; la ebriedad de la destrucción, la ebriedad bajo ciertas influencias meteorológicas, por ejemplo la ebriedad primaveral, o bajo la influencia de los narcóticos; finalmente, la ebriedad de la voluntad, la ebriedad de una voluntad repleta e hinchada. Lo esencial de la ebriedad es la sensación de incremento de fuerza, de plenitud. De esta sensación se dan también las cosas, se las fuerza a que tomen de nosotros, se las violenta: a esta operación se la denomina idealizar. Librémonos aquí de un prejuicio: el idealizar no consiste, como se cree comúnmente, en retirar o descontar lo pequeño, lo accesorio. Un enorme resaltar los rasgos principales es más bien lo decisivo, de modo que así los demás desaparecen.



El crepúsculo de los ídolos.

Nietzsche

No hay comentarios:

Seguidores

"Lo que yo queria era jugar,solamente eso...Y el Cesar me dio toda la libertad para hacerlo.Yo me divertia jugando,era mi vida,es mi vida.Yo queria jugar y ser libre, eso..."

Contribuyentes


Diego

Diego Capusotto

Luis Alberto Spinetta

Charles Bukowski

Gandhi

Mario Benedetti

Mercedes Sosa

Roberto "El polaco" Goyeneche

Julio Cortazar

Arturo Jauretche

Ernesto "Che" Guevara

John Lennon

Charly Garcia

Emir Kusturica

Joaquin Sabina

Enrique Santos Discepolo

Leopoldo Marechal

Perón y Evita

Enrique Symns

Jim Morrison

Roberto Fontanarrosa

El eternauta