jueves, 1 de abril de 2010

Astor Piazzolla




-Viendo todo lo que usted pone cuando toca, se ve que el corazón le quedó diez puntos.



-Diez puntos, claro. Si lo tuviera siete puntos me tiro al tacho de la basura.



-Usted , realmente , no se mide cuando empieza a tocar.



-Ni cuando voy a pescar en Punta del Este tampoco . Yo no la voy con los pescaditos para la cacerola: tiburones o nada.



-Anoche , cuando se mandó con Escualo , ¿No se le fue la mano? Lopez Ruiz por poco suelta la guitarra para abrazarlo.



-Ése no suelta el bajo ni aunque la sala se incendie.



-Justamente, el escenario era como un incendio.



-Si no hay fuego no hay música, y mejor uno se dedica a vender pororó.



-¿Hay algún tema que lo sacuda especialmente?



-Mirá, si un tema no me sacude especialmente yo no me tomo el trabajo de cambiarme los calzoncillos para hacer la función.



-Eso está claro, pero siempre uno tiene temas que por alguna misteriosa razón nos conmueven un poquito más.



-La ultima curda. Yo cuando me meto con La última curda tengo que tener mucho cuidado , porque me cago encima.



-¿Se animaría a definir con tres palabras a Troilo?



-Con una : tango.



-¿Cómo tocaba Troilo y cómo toca usted?



-El gordo tocaba. Yo no toco.



-¿Cuál sería la diferencia?



-El gordo acariciaba las teclas, apenas. Yo no podría tocar como él: yo me saco ampollas: yo le meto los dedos hasta las tripas al bandoneón. A mi me dicen gato, pero el gato era él. El gordo con la música te hablaba despacito, al oído. Yo no bajo del alarido.



-Usted, con el bandoneón ¿que vendría a ser?



-Un tigre, qué se yo, un perro bulldog. No , mejor un tigre. Un tigre que hace una semana que no come.



-Por ahí se dice que usted, con su música, es un orgasmo.



-Un orgasmo, pero infinito, un orgasmo que quiero que nunca se acabe.



-¿Se imagina algún día retirado de esto?



-Mirá, en cuanto yo vea que me pongo jovato, me empiezo a dejar las uñas.



-¿Para?



-Ja. Debieras darte cuenta: para rascarme las venas.



-¿Las venas?



-Sí, las venas por el lado de adentro. Antes que venga el guadañazo del final quiero sacarme la última gota de música. Yo no entrego el rosquete, al cajón no me meten si antes no me rasqué hasta la última, pero te digo, la última gota de música.






Reportaje de Rodolfo Braceli del Libro Argentinos en la Cornisa Editorial Aguilar

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